Para quienes están iniciando en el desarrollo inmobiliario o incluso para los experimentados en el área, existen principios básicos que deben seguir al momento de iniciar un nuevo proyecto, ya que el desconocimiento de estas etapas podría ocasionar grandes problemas, ya sea fiscales, legales, financieros, técnicos o de mercado, por no cumplir con algún detalle que parecía de rutina o evidente. Es por esto, que es tan importante tenerlos en cuenta.
Un buen desarrollador inmobiliario se construye con el tiempo y es importante que reconozcas qué NO sabes todo del desarrollo inmobiliario y te complementes con un buen equipo de trabajo que te respalde.
Un desarrollador inmobiliario generalmente estudia una combinación de disciplinas que le permiten adquirir conocimientos y habilidades en áreas clave como:
Arquitectura y Diseño: para comprender cómo se diseñan y estructuran los edificios, así como para garantizar que los desarrollos cumplan con los estándares estéticos y funcionales.
Ingeniería Civil o Estructural: para entender los aspectos técnicos de la construcción, incluyendo la viabilidad estructural, el uso de materiales, y la supervisión de la obra.
Economía y Finanzas: para gestionar el financiamiento de proyectos, evaluar la viabilidad financiera de los desarrollos, y entender el mercado inmobiliario.
Derecho Inmobiliario: para conocer las leyes y regulaciones que afectan la propiedad, el desarrollo, la zonificación, y las transacciones inmobiliarias.
Administración de Empresas o Gestión de Proyectos: para adquirir habilidades en la planificación, gestión de proyectos, liderazgo, y toma de decisiones estratégicas.
Urbanismo y Planificación Territorial: para entender el desarrollo sostenible de las ciudades y cómo los proyectos inmobiliarios pueden integrarse de manera efectiva en el entorno urbano.
Marketing y Ventas Inmobiliarias: para aprender a promocionar y vender propiedades, así como a entender las tendencias del mercado y las necesidades de los compradores.
Las diferencias son sutiles y, en muchos casos, los términos pueden utilizarse de manera intercambiable. Incluso hay quienes hablan de desarrolladora inmobiliaria, dándole a una organización las responsabilidades que en otros casos tiene una persona.
Sin embargo, existen matices en sus roles y enfoques. El desarrollador inmobiliario se centra en el proceso completo de desarrollo de un proyecto inmobiliario, desde la adquisición del terreno hasta la finalización de la construcción y la entrega del proyecto. Participa en todas las fases, que incluyen la investigación y compra del terreno, el diseño, la obtención de permisos, la construcción, y en algunos casos, la comercialización del proyecto. Este tipo de desarrollador trabaja en una variedad de proyectos, incluyendo residenciales, comerciales, industriales o mixtos, con el objetivo principal de transformar un terreno en un desarrollo que cumpla con las necesidades del mercado. Además, suele estar muy involucrado en la supervisión del proceso constructivo, asegurándose de que el proyecto se realice dentro del presupuesto y los plazos estipulados.
Por otro lado, el desarrollador de bienes raíces se enfoca más en la compra, mejora y venta de propiedades, y su papel puede centrarse en maximizar el valor de propiedades ya existentes en lugar de desarrollar nuevas desde cero. A menudo, se especializa en la renovación o remodelación de propiedades para aumentar su valor antes de venderlas o arrendarlas, lo que puede incluir la mejora de propiedades residenciales, comerciales o industriales. Aunque también puede estar involucrado en proyectos de construcción, su enfoque suele ser más amplio, incluyendo la gestión y optimización de una cartera de propiedades. Además, puede estar más orientado hacia la comercialización y la maximización de retornos de inversión en bienes raíces, gestionando propiedades para obtener ingresos continuos o ganancias de capital.
En resumen, mientras que el desarrollador inmobiliario se centra en la creación y desarrollo de nuevos proyectos inmobiliarios desde cero, supervisando todas las etapas del proceso, el desarrollador de bienes raíces puede enfocarse más en la adquisición, mejora y gestión de propiedades existentes, buscando optimizar su valor y rendimiento en el mercado. En la práctica, estos roles a menudo se superponen, y un mismo profesional puede desempeñar ambos roles, dependiendo del proyecto en el que esté involucrado.